lunes, 27 de octubre de 2008

Palabras...

PALABRAS PARA ELLA
El día que el viento pasó por mi ventana
sin detenerse en mí,
sin darme a respirar polvo de estrellas
No había sol, ni piedad en el mundo,
ni jardines frescos, ni brisas salvadoras......
Ni ese arroyo claro, de aguas cristalinas,
convertido en futuro
Ni estabas tú......., con tu sonrisa abierta,
y tu lucha feroz, solitaria y valiente.
Estaba sólo el invisible de la nada.
Estaba el mundo muerto.....
Sangraba la tierra, andando y andando.....,
Guitarra de mi vida,
Y el sendero sin fin
Y la ciudad oscura.......
Y el hombre ciego, abriéndose la frente
contra esquinas criminales del edificio cruel.
el día que te ví, cabalgando en un sueño
diferente a mi sueño,
quise desesperarme.
Chillé por dentro, grité tan fuerte
Que temblaron los cielos.
Maldije al tiempo maldito
del invencible Dios y de la luna muerta.
Pensé en mi lucha inutil y lamenté tu herida......
..... y despues me deshice del polvo de este mundo.
Y deseé olvidarte, perderme en el abismo.
El día de hoy es distinto al ayer,
y lo será al mañana.
Naceran mundos nuevos del universo entero
como uvas del otoño
Y yo te habré perdido......
regalando al rebaño de seres y al sentir de las rosas....
......mi sueño más querido,
esa bomba asesina que explotará en mi alma.....
Ya ha pasado la brisa por mi ventana muerta.
Ya firman los tiranos mi sentencia de muerte.
.......Ya te veo alejarte,
aún sigues siendo hermosa.
Ya suenan las campanas llamando a funeral.
Ya le han robado al sol el canto de Victoria.
Ya llega el mundo oscuro........
Vete en paz, amor mío, no vuelvas la cabeza,
avanza tu camino aunque no tengas tierra.....
....sólo sangre y jadeos.
No sufras más ,mujer, a tu espalda no hay nada.
Sólamente está el hombre
Que ha olvidado llorar, que ha olvidado morir
Y que te ve marchar masticando tristezas
Y tambien está un mundo
Que lo convierte todo en cegueras eternas.
No vuelvas la cabeza,
mis ojos están muertos, no te pueden mirar.
Escapate volando de mi alma muerta y mis manos de garfios.
¡Hace ya tanto tiempo que no suena la aurora!!
Las llagas de mis dedos evitan las caricias
y tu lengua callada ya no le canta a mi alma.
Creció la rosa un día
La regaron con sangre
se alimentó de muerte
y hoy no sabe soñar.

-JESÚS RODRIGUEZ DE LA LOMA-

No ...

NO SOY YO
No soy yo quien te encarcela en vida,
si no la rosa triste
Que tú, fiel jardinero, mimas cada día.
no soy yo quien tiene tu alma herida
quien en carcel de oro,
dobla tu rebeldía
No soy yo quien tú amas tanto.
Quien ha vestido tu alma de rencor y de ira.
no soy yo quien ha quebrado tus alas
quien ha cortado ese vuelo que feliz emprendías.
Yo..... fuí la brisa suave
que llegaba a tu celda insuflando en tu sangre
retazos de alegría
Llenando de aire libre, el aire que respiras.
Yo.... fuí la estrella errante
de plateados haces,
que tomando tu mano, tiró de tí hacia el eter,
hacia el bello universo en que ella vivía.
Yo.... fuí la rosa roja
que late entre los bosques,
que para no hacerte daño, destruyó sus espinas,
y te brindó su aroma, su suave terciopelo,
y acarició tu alma cubriéndola de bálsamo para calmar tu ira.
pero.... ay tú...... Cerraste tu ventana a la suave brisa.
devoraron la estrella tus fauces asesinas,
y asustada y temblando,
a tus pies indolentes,
sin pétalos ni aroma,
con estertor de muerte..... cayó la rosa herida.
-María Victoria-

domingo, 22 de junio de 2008

sábado, 21 de junio de 2008

Laura, Laura


Los cabellos blancos caen suavemente sobre su frente, surcada por el tiempo. Verdes, sus ojos cansados irradian aun a veces, destellos que reflejan la pasión que anida en su alma y que el paso de los años ha ido serenando, transportando lentamente al profundo vacío del olvido a ese agujero negro en que la edad muta a la memoria humana. Sus dedos, largos y delgados, recorren temblorosos y emocionados las amarillentas páginas del viejo álbum que guarda con celo esas imágenes retazos de su vida. Fotos en sepia de su madre, bella como una Virgen de murillo y rodeada de niños que sonrientes se aferran a sus largas faldas. Detiene su dedo en la pequeña que la madre sostiene en sus brazos, "Esta soy yo". Y pasamos la página mientras explica que su madre moría dos años después de ese día en que, a juzgar por la foto, la felicidad reinaba en su casa. Sus ojos se paran en una imagen que se sitúa en el centro llenando casi toda la página, "Este es mi padre" me dice emocionada. Su rostro se ilumina, mira la imagen con veneración, la acaricia, la besa..."Mi padre pertenecía a una familia noble asturiana. Se enamoró de mi madre y se casó con ella en contra de toda su familia. Desde entonces, no volvió a tener contacto con ellos. Era abogado, y fue un alto cargo en el gobierno de la república. Era un hombre bueno que jamás hizo daño a nadie y que luchó siempre por las causas justas. Ayudó a mucha gente, eso le valió morir empobrecido, por eso yo le amo tanto y le recuerdo como si todavía estuviera conmigo. Yo era su pequeña….Su pequeña Laura. Murió poco antes de que estallara la guerra, y casi fue mejor, así no sufrió viéndome presa, maltratada y violada. Yo se que nunca pudo olvidar a mi madre y le mató la pena que llevaba escondida en el alma".

-¿Estuvo usted presa, Laura?
-"Sí, hijita sí –toma mi mano entre las suyas —Es que…. sabes? Yo fui roja, muy roja. Y lo sigo siendo. Roja por dentro y por fuera. Siete largos años, hija mía. Siete largos años privada de libertad, siete humillantes largos años…. Añorando a mi esposo del que no sabía nada, a mi hijita que durante ese tiempo tuvo que cuidar mi cuñada... Cuando peor lo pasé fue cuando salí de la cárcel y le tuve que decir a mi esposo, preso en Burgos, que me habían violado. Lo recuerdo como si fuera ahora. Recuerdo que extendió sus fuertes brazos de guerrillero a través de las rejas, y me abrazó llorando, sólo pudo decirme…. Laura... Mi Laura".
Cae la noche y su manto de un suave azul oscuro vela las lágrimas que anegan los dulces ojos de Laura. Imbuidas en la conversación no reparamos en las luces apagadas. Bajo el interruptor y la amplia habitación se llena de luz. Limpio suavemente sus húmedas mejillas, ella acaricia mis manos y me da las gracias.

-"Mira, ¿ves?"–Me enseña una hoja de papel envejecido que saca de una de las páginas. Me muestra un poema y me pide por favor que se lo lea. Es el poema, que Manuel escribiera en la cárcel después de la dolorosa confesión de Laura, a través de una lírica bellísima Manuel desnuda su alma. Cuanto amor hay en cada verso!!! Noto que mi voz se quiebra leyendo, estoy muy próxima al rostro de Laura, mi mano estrecha cálida las suyas – veinte inacabables años esperándole, veinte años sintiendo su ausencia dentro de mis entrañas- y su voz es un entrecortado susurro. Pasa de nuevo las Hojas, despacio, acariciándolas, viviéndolas, materializándolas. Me señala con orgullo una foto que guardó celosamente, como me dice ella “ muy pegadita a su alma”; cogidas de la mano, con uniforme militar el puño en alto y la sonrisa amplia, ella e Ibarruri, Dolores, Pasionaria.

Miro el reloj, se acerca la hora de irme, me espera Juan , otro de mis queridos enfermos. Antes curo las ulceras de su pie y limpio sus ojos con suero, refresco su cuerpo, le pongo el camisón, y la acuesto en su cama. Aun le da tiempo a contarme lo mucho que le costó encontrar trabajo en la España de posguerra siendo expresidaria y mujer de un republicano. La muerte de su hija cuando tenía tan sólo treinta años… Que esperó fiel a su Manuel hasta “que el régimen quiso soltarlo”….

"...Arriba parias de la tierra, en pie famélica legión…", comienzo a cantar bajito. Espero que me siga, y lo hace emocionada levantando su débil puño en alto, su voz viva y a la vez quebrada...Le doy la rosa roja que le he llevado, hoy es su noventa y seis cumpleaños. Una sonrisa muy dulce se refleja en sus labios. Me mira con infinita ternura, me acaricia el rostro y me dice un sentido: "Gracias, hija. Gracias". La dejó casi dormida, la sonrisa en los labios y una profunda serenidad en su cara.

He pasado la noche inquieta, me despierta el teléfono, es DW, mi jefe. –Alo? "Mira que hoy no vayas a curar a Laura. Ha fallecido esta madruga".Y mis ojos se inundan con la ternura de tu mirada. Laura, apasionada Laura, sutil Laura, Laura ¡¡¡MI LIBERTARIA!!!
-María Victoria-

Luna llena sobre la ciudad, 2007-Photo by: Bal Ferrero

Cuando el tiempo se convierte en ley

Se acerca la hora...
Buscas entre los armarios y mezclas la ensencia de los perfumes,
los añades a tu piel, luego te das la vuelta y te miras en el espejo.
Es cuando te das cuenta de que ya no está.
La ausencia de olor, la forma de respirar,
de nuevo el mismo perfume que se perdió con el tiempo.
Rompimos la ley, esa vida de disparates y escaparates.
Tú formabas parte de la legalidad, no había nada más, ¡Nena!.
Sóla en tú busqueda,
encontraste de nuevo la ocasión de visitar las calles,
de recorrer lugares que antes habías dejado de lado.
Por dejar, dejaste de asombrar con tus historias sobre almas rotas.
Volviste a recoger los vestigios de las noches dobladas,
las notas de una música que ya sonaba en los 90.
Habías cerrado ciertas clases por falta de materia que dar,
y de repente otra vez saliste a pasear con el emblema antigüo,
con la misma luz con la que has vivido los últimos tiempos.
Cuando el tiempo se convierte en ley no existe la calma,
la soledad vuelve a estar llena de compases y palabras sueltas.
No te inquieta la ausencia.
Te permites cerrar las puertas de los locales para olvidar,
hasta que un camarero se dirige a ti para echarte.
Al día siguiente retomas el baño de sales que habías dejado en suspenso la tarde anterior.
De nuevo el maquillaje, el lapiz de labios,
aunque ésta vez el carmín será de un color diferente.
Cuando el tiempo se convierte en ley te das demasiada prisa,¡Nena!
-Balka-

jueves, 19 de junio de 2008


Cántabrico, Santander- 2008-Photo by:Bal Ferrero

Dejar de amarte

Lloró por muchas lunas imaginándole danzar entre las hadas,
hasta que el amargo sabor de las lágrima anegó su alma.
Dejó de contar las noches de ausencia, de espera tortuosa,
sintiéndose un vejado muñeco de trapo en sus manos.
Tenía los dedos teñidos de luna cuando la sorprendió la madrugada.
Un sólo pensamiento en la mente torturada
¡Dejar de amarle, su amor dañaba!.
Retorció sus entrañas hasta destruir ese iluso sentimiento que se filtró un día por la latente inseguridad de su alma, de que, a pesar de todo, él la amaba.
La luz del nuevo sol se derramó en su cara.
No más sueños que la rompan.
Corrió hacia la cegadora luz.
El gesto enérgico borró todo recuerdo de él en su alma.
Despues de la larga tempestad...
su ser se inundó de calma.
Atras quedaba la niebla, esa niebla espesa que todo lo deformaba.

-María Victoria-

Escaparate de una calle de Madrid: lencería boda-2008-
Photo by: Bal Ferrero

Momentos

-Te amo, chica solitaria, -me dice, y me mira riendo-
-¿De veras crees que soy un ser solitario? -le pregunto-.
Me envuelve en la profunda ternura de sus ojos
-Sí, te veo sola siempre -yo sonrío, y mirándole le digo:
¿Quieres que traiga conmigo al trabajo a los coros y danzas de mi pueblo...?
Me abraza y reímos los dos.
¡Que grande y a la vez que humilde... que sabio eres...!
Me estás amando tanto... que no voy a tener más remedio que quererte.

-María Victoria-

domingo, 8 de junio de 2008


Atardecer desde mi ventana, 2008-Photo by: Bal Ferrero

Amándote!!

Amarte?
Cómo amarte?
si me huyes, si me espantas,
me destruyes con tu lesa verborrea.
Amarte?
Qué decirte?
si te escapas, te resistes,
resquebrajas mi estructura
y me arañas en el alma
desde que me conociste...
Amarte?
Oh insensatez!! Oh locura!!
que me inunda de amargura
que me rompe los esquemas
que me quema... que me quema...
Amarte?
y no tenerte, y añorarte,
y recordarte y olvidarte,
y llorar, y extremecerme,
y luchar hasta morir
con el deseo de tenerte.
Amarte?
y recordarte y olvidarte,
y tenerte, y no tenerte,
y venir a mí, y marcharte
y al final... Siempre perderte.

-María Victoria-

El maestro

Tú y Yo

Tú eres el mar
que erosiona constante el arrecife
con sus olas bravías.
Yo soy la densa niebla
que sutil oculta al alma.
Yo soy la profundidad,
la magia y el misterio.
Tú eres la luz,
y el azul claro del cielo
al despuntar el alba.
Tú... el ardiente rayo
de ese sol rojo y dorado.
Yo... el tímido rayo
de una luna plateada.

-María Victoria-

Miguel Hernandez- Nanas de la cebolla / J.M. Serrat

sábado, 7 de junio de 2008

Silencio

La noche avanza oscura,
y fría se derrama por tembloroso cuerpo.
Se disipan jugando abstractas
volutas del último cigarro
que enreda entre mis desos...Dios,¡¡como te recuerdo!!
Las cosas que me gustan,
todo lo que amo...va quedando en silencio.
Y sigo recordando
sin quererlo a veces,
sobre mi piel desnuda el fuego de tus besos.
Tus ardientes palabras
que en este ahora ausentes
desgarran con su eco.
En sublime delirio tu cálida mirada
en mis ojos se pierde... y tiemblo.
Y yo que te amo tanto,
olvido tus traiciones
y fundida en tal delirio... me extremezco y sueño

-María Victoria-

viernes, 6 de junio de 2008

Alberti recita a León Felipe ¡Que Lástima!

La Chica de la Bicicleta

Mi escrito de hoy es solo una historia de amor… Es la historia, casi eterna, del niño del cuento que durante años y años busca la rosa más roja del jardín, corre y corre durante toda una vida y al final, cuando los luceros tiran tanto del él que tiene que luchar hasta desfallecer para no verse ahorcado contra las nubes, ve que no tiene pies, sino dos muñones malditos… En cada espina del jardín ha dejado un pedazo de carne y un pedazo de vida. Pero su carrera y su lucha no han sido inútiles. Tiene en su mano la rosa roja…

Un día, no sé muy bien si llevaba lágrimas en los ojos o alegría en el corazón, ví que una bandada de palomas blancas tapaba por completo la diminuta canastilla adonde el sol hacía sus primeras piruetas para aprender a ser hombre… Yo entretanto, seguía avanzando por el Sector Descubridores. Lo primero que descubrí fue al niño del cuento, abrazado a su rosa, y tan abrazado estaba que todo había llegado a ser la misma cosa, el niño, la rosa, sus almas, las dos ventanas de su cara que sabían llorar y que en aquellos momentos sólo vestían lágrimas de felicidad. Seguía siendo cerrada… Después miré al Cielo, la bandada de palomas estaban ya muy lejos y el sol comenzaba ya a hacerse hombre.

Las historias de amor jamás tienen nombre, ni principio, ni fin, ni tampoco esas burdas fotografías, convertidas en recuerdos, casi siempre inútiles. La historia de amor, en aquel día, a aquella hora solitaria, y en una cafetería sombría, donde se había refugiado el niño con su rosa, fue algo triste y hermoso. De la inmensa bandada de palomas, no se sí porque las fuerzas le flanquearon o porque deseaba conocer al niño del cuento, cayó una de ellas que rebota que te rebota en todas las montañas de la Tierra, fue a caer junto a mí. Iba vestida de rojo, como la sangre y los volcanes, pero también como el alba en las madrugadas de primavera. Y seguía montada en su bicicleta, atravesando todos los planetas del Universo y todos los mundos desconocidos del alma humana… Era esa bicicleta voladora, que a veces encontramos en nuestras vidas. ¿Quién no ha visto esa gran película, llamada Milagro en Milán, donde millones de vagabundos maravillosos vuelan encima de escobas mágicas? Aquello fue distinto pero más hermoso.

La chica de la bicicleta

Vicky estaba allí, envuelta en su sonrisa magnifica. Los muñones del niño se habían convertido en dedos vírgenes y en plantas transparentes, sin sangre ni espinas y capaces de patinar por todas las sendas del Universo. Las calles tricantinas solo eran pistas ocupadas por miles de bicicletas mágicas… Las historias de amor siempre terminan convirtiendo las ciudades en jardines de esperanza. Ella, montada en la bicicleta más rápida de todas, seguía repartiendo ayuda, humanidad, y generosidad entre todas las personas, que desde sus puertas entreabiertas, le pedían auxilio…

Hablamos de todo, ¿lo recuerdas Vicky? De Guantánamo, esa granja inmensa, donde se selecciona con cuchillos y mosquetones, cada víctima alineada cuidadosamente en el Paredón de los Crímenes y cada verdugo disparando contra el Sol y contra el alma del mundo. Y también de tres personajes, el gran Genocida, el Consentidor, y el Comparsa, que se habían reunido en un sitio maldito, llamado las Azores, quizá para jugar al dominó, pero como quiera que habían olvidado las fichas, decidieron apelar al crimen y a la mentira para su diversión. Han sido ya un millón de muertos, pero habrás muchos más. Ya no habrá desiertos pobres en la Tierra, todos se han convertido en inmensos jardines que solo producen flores rojas y están regados de sangres inocentes. Y también hablaremos, querida Vicky, de ése Ser Universal y Cruel, que ya ha cerrado las puertas de su Cielo a la bandada de palomas inocentes mientras las abre al Gran Genocida y sus acólitos y a sus invencibles armas nucleares… También, en nuestro idioma de amor, hablaremos de mi País. Tú me dirás que los ojos de tu Presidente son azules, ardientes, y sinceros, y yo te responderé que es posible, lo ignoro, pero jamás he descubierto en él una sola mentira o una sola deslealtad. Yo te diré que amo en este mundo todo lo que representa un hombre de pequeña estatura, pero gran generosidad con el oprimido, y tu me comprenderás que lo admites, pero que tú respeto y tu credibilidad ya tiene dueño. Zapatero y Llamazares dos hombres hermosos. Tu silencio y mi silencio hablarán tan fuerte que quizá ya nunca se vuelvan a escuchar los himnos fascistas y los disparos criminales. Los pobres seguirán siendo pobres, y seguirán pagando las facturas de los ricos. Y no con dinero que no tienen, sino con sangre.

Pero ¿Qué hago, querida Vicky? Sin darme cuenta me he salido de un camino repleto de amapolas para seguir otro, inundado de zarzas. Este escrito es una historia de amor, y de repente, sin apercibirme, estoy refiriéndome a una Historia del Mundo. Perdona.

Me han contado que el niño del cuento, con su roja roja inyectada en su corazón, no ha muerto. Anda y anda por el mundo, saltando con la agilidad del saltamontes, de país en país, y repartiendo lágrimas con la generosidad de un clavel triste, a todos los que sufren… Y muy especialmente a los que lo hacen por amor.

En cuanto al hada que monta y vuela en su bicicleta mágica, hay quien cuenta que se la suele ver por la noche, siempre en la puerta de quien la necesita, y por el día busca con ilusión los árboles porque los ama, especialmente a los almendros, para esconderse y cuando ya ha conseguido ocultarse entre sus ramas, se queda durante muchas horas en silencio, añorando y pensando en su nuevo amor. Porque la chica de la bicicleta está enamorada. Aunque…tampoco hay que hacer mucho caso. Podrían incluso, ser sólo rumores. -Jesús Rodríguez de la Loma-

Paco Ibáñez, Es amarga la verdad (Quevedo)

Elo y Yo

Era mi segundo día de prácticas. Aún no me había curado de la impresión que me produjo encontrarme de lleno con la que me pareció la horrible cara de la vejez. El cuerpo más anciano que había visto, era el de mi madre, que ahora me parece una sutil porcelana. Aún bailaba en mi ente, la cruel imagen de aquellas pieles terriblemente arrugadas, llenas de cosas extrañas que yo ni me hubiera imaginado que existían. No pude mirarme en el resto del día al espejo, pues pensaba que la imagen que me devolvería era la de aquellos cuerpos surcados por el tiempo que semejaban sarmientos retorcidos en una extraña y dramática danza. El hedor de los pañales que había quitado en la mañana anterior, me perseguía con la misma insistencia que un perro de presa persigue el rastro de un prófugo, y lograba que mi estómago se negara en rotundo a ingerir nada mientras pugnaba con fuerza por arrojar de él hasta la primera papilla que tomé en mi tierna infancia.

Ese día, me había propuesto superar mis escrúpulos. Cuanto más pronto me adaptara, antes terminaría el jodido sufrimiento, pues a pesar de todo, notaba que algo muy dentro de mí, algo parecido a un nuevo y extraño gozo, comenzaba a germinar en lo más profundo de mi alma.

Entré con cierta ‘timidez’ en la habitación de Elo. Mónica, mi instructora, me indicó que pasara para el otro lado de la cama. Aparté con torpeza la barandilla de protección, mientras Mónica la despertaba. Elo miraba a Mónica, ni siquiera se había dado cuenta de mi presencia allí. Sus ojos miraban ausentes, sin posarse en nada, mientras tensaba todos sus músculos, llevándolos a una rigidez que a mi compañera le resultaba imposible de manejar. Traté de ayudarla, tomando entre las mías una de las manos de Elo. Fue entonces cuando ella notó mi presencia. Sus ojos al mirarme destilaban un huracán de ira. Mónica me indicó que me apartara que iba a pegarme, pues solía hacerlo con frecuencia. Algo en mi interior me hizo, desoyendo el consejo de Mónica, acercarme más a ella. Comencé a hablarle lo más cerca de su rostro posible y con toda la ternura de que era capaz. Su mano, que había emprendido el vuelo tomando mi cara como pista de aterrizaje, se paró en seco en el aire, y fue descendiendo lentamente hasta mi mano, que se posaba serena sobre su hombro. Tiró de ella, en un débil intento de desasirse del contacto que yo mantenía sobre su brazo. Acerqué mi rostro al suyo y la besé en la frente, mientras seguía hablándole muy dulce, muy suavemente.

Mi madre, asomada al balcón -2006-

Mónica ya podía trabajar con ella. La rigidez de su cuerpo desaparecía dando paso a una suave docilidad. Elo me miraba intensamente, con sus maravillosos ojos azules. Y entonces se produjo algo que me dejó atónita, sin dejar de mirarme, acercó su cabeza lentamente a mi brazo en la que pienso que fuera su primera caricia en mucho tiempo. Llevé su mano hasta mi brazo, sin dejar de mirarla a los ojos, ella se prendió de él. Estaba rompiendo la barrera que el Alzheimer había puesto entre ella y el mundo. Dios mío, me sería imposible describir lo que sentía en mi interior. Sus ojos en mis ojos, permitiéndome leer en ellos un sin fin de emociones. Elo me estaba hablando con la única parte de su ser que aún puede hacerlo. Bendije mi Escorpio. Ese Escorpio que es capaz de traspasar la materia y llegar directamente hasta el alma.

Su rostro reflejaba una ternura infinita, e inquietos, brillantes sus ojos me decían toda la emoción q estaba sintiendo. Después de colocarla en su silla de ruedas, la llevé al comedor con los demás ancianos. Gloria intentó darle de comer pero cerraba la boca con una fuerza increíble. Le pedí que me dejara darle yo. Tomé de nuevo su mano y la llevé suavemente a mi brazo e hice q me lo cogiera, mientras le hablaba con palabras muy básicas, pues son las únicas que recuerda. De nuevo sentí su mirada en la mía. Su rostro era presa de nuevo de esa emoción que intentaba trasmitirme de un modo casi desesperado... –María Victoria-